Dermatitis atópica en bebés: consejos

Dermatitis atópica en bebés

La dermatitis atópica o también conocida como eccema atópico, es una enfermedad inflamatoria de la piel, de carácter crónico y no contagiosa, asociada a una piel seca y fácilmente irritable.

Esta enfermedad, se manifiesta con una serie de lesiones que provocan un picor intenso y que pueden afectar a cualquier parte del cuerpo del bebé. Las lesiones más comunes de la piel suelen aparecer en las mejillas, la barbilla, los muslos, el abdomen y los brazos.

Los más propensos a sufrir esta dolencia, son los niños que tienen una predisposición genética y, en su mayoría, cuentan con antecedentes familiares o personales de patologías como el asma o incluso ciertas alergias alimentarias.

¿Cómo se manifiesta?

Esta enfermedad, es una alteración de la barrera cutánea, la cual se manifiesta cuando la piel del bebé pasa de ser suave, a tener un tacto especialmente áspero y de aspecto seco. Provoca una alteración de la dermis que produce picor.

La dermatitis, suele aparecer de forma simétrica, y las áreas que se ven más afectadas suelen variar con la edad de los niños. Puesto que en los que son lactantes, es más frecuente que aparezca en las mejillas, cuello, codos y rodillas. En el caso de niños con más de 15 meses, también pueden aparecer en el abdomen y la parte superior del pecho.

Es importante saber, que esta enfermedad presenta fases de empeoramiento que se ven de forma periódica, caracterizadas por enrojecimientos y un incremento considerable en cuanto al picor. Afortunadamente, estas manifestaciones suelen ir mejorando a medida que el niño va creciendo.

Los niños que sufren dermatitis atópica, son más vulnerables frente a las infecciones de la piel, ya sea que estas se den por bacterias, virus u hongos. Esta enfermedad, puede alterar la calidad de vida de los niños y la de sus familiares. Debido a que esta afectación además de venir condicionada por el picor, trae problemas con la ropa, la actividad física, e incluso puede mostrar alteraciones del sueño.

¿De qué forma se trata la dermatitis atópica?

El tratamiento frente a la dermatitis atópica incluye varias medidas, centradas principalmente en los cuidados generales de la piel, así como con la implementación de tratamiento farmacológico.

Cuidado personal

Respecto a los cuidados de la piel, es de vital importancia controlar los factores ambientales, que son los que modifican la expresión de la enfermedad. El frío y la sequedad ambiental, son las que causan la deshidratación en la piel de los más pequeños.

Por ello, se recomienda bañarlos diariamente, ya que el agua le ayudará a reducir el picor al limpiar y a descontaminar la piel. Lo mejor es utilizar jabones de pH ácido y aplicar cremas hidratantes específicas.

Tratamiento farmacológico

Los objetivos de estos tratamientos, son el poder disminuir la inflamación que aparece en la piel durante los brotes, así como mejorar los síntomas de picor, alteración del sueño y disminuir la aparición de los propios brotes.

Los fármacos más utilizados para hacer frente a la dermatitis atópica, son los corticoides tópicos. Estos, se pueden encontrar en diferentes formas, tanto como lociones, cremas y pomadas o ungüentos.

La utilización de cada fármaco, dependerá únicamente de la zona afectada y del estado en el que se encuentre la piel. En cuanto a los inhibidores de la calcineurina tópicos, son medicamentos que han demostrado  gran eficacia y seguridad, ya sea para el tratamiento de los brotes, así como para prevenir su posible aparición, es decir, se utiliza como un tratamiento de mantenimiento preventivo. Todo ello, siempre bajo prescripción médica.

¿Cómo se diagnostica la dermatitis atópica?

Actualmente no existe ninguna prueba específica que permita diagnosticar la dermatitis atópica. De manera general, se suele realizar una exploración física al bebé y un estudio de los antecedentes familiares.

Puede darse la posibilidad de que el paciente sea remitido a un dermatólogo o alergólogo, con la finalidad de practicarle pruebas de alergia. Dicha medida es especialmente recomendable para aquellos niños con lesiones graves a las que no se les ve una mejoría.

Independientemente de la edad del niño o el tipo de manchas que este muestre, lo más importante siempre es acudir a profesionales de la medicina, sin duda, ellos podrán realizar un diagnóstico y marcar las pautas más correctas.